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Todos nacemos iguales. Que bien suena un concepto que defiende una buena causa. Ése es el problema, las buenas causas sólo son conceptos, no realidades.
Europa, África, Asia, América y Oceanía. 5 continentes. Todos tan diferentes. Todos tan semejantes. Hechos de lo mismo, seres humanos. Vivimos una era en la que el mundo parece unirse bajo un mismo estandarte. Globalización. Pero nos falta olvidar nuestras diferencias y unirnos para emplear esa energía tan bélica en cosas más positivas.
Sonreír en lugar de disparar, abrazar en vez de golpear, alabar frente a criticar... Buenas causas. Eso es lo importante. Emplear esas fortunas en obras benéficas y no en fabricar armas... Declarar tratados de paz en lugar de guerras... No unirnos para destrozar al vecino sino para ayudarle a sobreponerse ante una crisis...
El mundo se regirá siempre por los sentimientos de los corazones de cuantos habitamos en él. Si reinan el odio, el miedo y la desconfianza,será lo que gobierne el mundo... Todas las cosas que al mar tiramos nos las devuelve siempre la marea... Es duro, pero cierto... y justo. Así pues, considero algo imprescindible transformar esos sentimientos tan negativos en bondad, apoyo y felicidad. Poco a poco, así, el mundo cambiaría y mejoraría porque, si bien para nosotros es tarde, muchos quedan por nacer y, más importante aún, muchos quedan por vivir.
Yo he sido (soy, más bien) un niño que tuvo la increíble suerte de nacer en España y, por ello, he tenido cuanto he deseado y más,y he vivido innegablemente bien. Pero no es justo. No. No puede ser justo que mi infancia haya sido así. Si hubiera nacido en África, probablemente hubiera muerto de hambre o por contagio de una enfermedad (letal allí, inofensiva aquí). Si hubiera nacido en Sudamérica, viviría en la calle, mendigando. Si hubiera nacido en la Polinesia, debería haber cazado o recolectado mi propio sustento. Si hubiera nacido en Asia, trabajaría un sinfín de horas por un salario ínfimo que no me permitiría ni alimentarme. Pero no. Yo no. A diferencia de Edboué, Nelson, Sia-Po y Yao San, yo nací en España. En una familia media española, como vosotros. Y, por ello, he disfrutado de una infancia plena... ¿Por qué? ¿Soy mejor que ellos? No. ¿He hecho algo para merecerlo? No. ¿Es un privilegio indigno de ellos? No. En absoluto; no, no y no. Entonces, ¿por qué? Por suerte. Cada uno de los que leeis esto,lo hacéis por suerte. Porque tenéis la suerte, al igual que yo, de haber nacido en un lugar y no en otro y, por ello, estáis en casa, cómodos, sin nada mejor que hacer que leer este texto en esa pantalla de ordenador que tenéis, también por suerte. Pensad, por un sólo instante, cómo habrían sido vuestras vidas si hubiérais nacido en cualquier otro lugar del mundo... Duele, ¿verdad?... Pues volved a pensar; pero esta vez, pensad en una vida sin infancia, sin ser niños...
Como he dicho, las buenas causas son importantes... Y hay que luchar y esforzarse por alcanzarlas todos juntos, unidos... La paz es una; los sentimientos que rigen el mundo son otra; la igualdad plena y absoluta, otra... Pero darle una infancia a alguien, hacer que un niño pueda ser un niño... Ésa me parece la mejor causa... ¡Luchemos por ella!
Luchemos porque un día juguemos todos juntos...
En primer lugar y, para que nadie se lleve una decepción, advierto que en esta entrada no pretendo explicar que es cada sentido sino lo intensas que llegan a ser nuestras percepciones (en este caso, las mías) a traves de ellos...
El olfato: Es probablemente un sentido místico, nadie puede explicar cómo actúa ni por que, pero las consecuencias de nuestra percepción de un olor pueden ser irrefrenables. Yo lo he vivido y puedo afirmar que in simple olor ha generado en mi reacciones impulsivas, ha sido capaz de nublar mi percepción, turbar mi mente, enamorarme... Un olor, un simple olor... Tu olor.
El oído: Un sonido, por mínimo que sea, nos hace reaccionar, actuar... Nos une a cualquiera en un instante. Podemos ignorarlo o quedarnos prendados de él y negarnos a abandonarlo. A través de un sonido podemos transmitir y percibir emociones, alegría, ira, tristeza, miedo,melancolía... Algo tan sencillo como escuchar dos simples palabras puede hacer que te derritas, que te sientas la persona mas afortunada del mundo, que todo cuanto hay a tu lado se desvanezca... Hay tres sonidos que atesoro en mi memoria: el primero es la clara, pura y cristalina risa de un neonato, tranquila, limpia, sin preocupaciones... Los otros dos son sonidos armónicos, vibrantes, suaves y llenos de sentimientos... Una voz y una risa... Tu voz, tu risa.
El tacto: El más físico de todos los sentidos. El contacto, la unión palpable. Es probablemente la barrera más difícil de superar pero, a su vez, la más intensa... Un roce, una caricia... Aquello que, a pesar de su sencillez, de su insignificancia, puede erizarte el vello, darte escalofríos e, incluso, provocarte un mareo sabiendo que, tras probarlo, desearás repetirlo cada día de tu vida. Ese contacto (con un ser querido) por el que harías cualquier cosa... Tu contacto.
El gusto: Relacionado con el tacto en este aspecto. El más pasional... Ese momento, en el que te fundes con alguien en un beso intenso, cálido, dulce... El momento en el que quedas fundido con alguien en un sólo ser... Ese momento en el que bebes de los labios de alguien y disfrutas de su sabor... Tus labios, tu sabor.
La vista: El sentido más directo, el primario. Nos aporta la capacidad de percibir la belleza que nos rodea. Nos vuelve más receptivos y,sobre todo, más perceptivos y es eso lo que nos hace ver la belleza de las cosas, lo que diferencia lo común de lo especial, los pequeños detalles... A este sentido le debo dos imágenes hermosas, increíbles... A estesentido le debo haber visto esos detalles que te diferencian del resto, eso que te hace tan especial... El motivo de mi sonrisa, la calidez de mi corazón, el refugio de mi alma... Todo ello se lo debo a aquello que me ha aportado la capacidad de ver... De ver la felicidad que desprende tu sonrisa, de ver el brillo que emana de tus ojos, la luz que irradia tu mirada al sonreir.